La relación del Real Madrid con los últimos minutos de los partidos es singular. A la épica de las grandes remontadas en el Santiago Bernabéu en la segunda mitad del siglo pasado, cuando solía compensar las derrotas sufridas en los partidos de ida de eliminatorias de competiciones europeas, el club blanco le ha añadido en la etapa contemporánea una especie de más difícil todavía: conseguir el triunfo cuando parece que, por cuestiones de tiempo, dinámica del juego y rival, roza lo imposible. Lo sucedido la temporada pasada en las eliminatorias de Champions League frente al Paris Saint Germain, Chelsea y Manchester City sublimaron hasta el límite la capacidad de los de Chamartín para ir un paso más allá en materia de remontadas. O no. Porque la historia refleja que dan igual las circunstancias, que siempre falta un gol del Real Madrid. Y llegará.

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