Sergio García nunca ha dejado de ser El Niño. El apodo le acompaña desde que se hizo profesional en 1999, el año en el que el golf descubrió a un joven jugador rebosante de talento y de carácter. Su aparición fue tan fulgurante como el fenómeno climático que le prestó el nombre. Ocurrió esa temporada en el Campeonato de la PGA, uno de los cuatro grandes. El castellonense peleó por el título chocando frente con frente con Tiger Woods. Venció el Tigre por un golpe (-11 por -10), pero el chico de 19 años no solo dejó el golpe del torneo llevando a green la bola desde detrás de un árbol en el hoyo 16, sin apenas visibilidad, siguiendo luego su vuelo a la carrera, saltando con una energía desbordante. De repente había nacido una estrella. Y quería comerse el mundo.

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