Serena Williams ha sido una tenista de otra dimensión, única e incomparable. En mi caso personal, ella supone una inspiración y un verdadero símbolo en mi carrera, como lo habrá significado seguramente para muchas otras jugadoras. Cuando empecé a jugar al tenis empecé a hacerlo en un club en el que, lógicamente, no tiene nada que ver con los escenarios en los que lo hago ahora. Era otro mundo. Y recuerdo decir a mi madre: ‘mira esas hermanas, las Williams. Mira con qué carácter y con qué garra juegan. Tú tienes que jugar así y ser como ellas. Algún día serás como ellas, Garbiñe’. Yo en esos momentos era una niña de 6 ó 7 años, y ella y Venus ya estaban jugando y ganando Grand Slams.

