<strong>Antes del primer rayo de sol del martes 5 de septiembre de 1972</strong>, delante del tercer apartamento del número 31 de la Connollystrabe, una arteria algo apartada de la Villa Olímpica, yacía en el suelo el cuerpo de Moshe. El astuto Moshe. El valiente Weinberg había porfiado con los asaltantes unas horas antes en su habitación del primer bloque, el de los entrenadores, y había sido alcanzado de un disparo en la mejilla.

