«Si no te diviertes, no ganas». <strong>Podria ser el mantra de Piqué para ir por la vida. Gerard no aguantaba la suplencia ni en los buenos tiempos</strong>. En un partido de la Copa de Cataluña, donde las vacas sagradas chupaban banquillo casi por prudencia, le pillaron con el móvil. El otro día, en un partido de verdad, no llevaba ni las botas puestas. No, Piqué no está hecho para ser suplente.<strong> No está hecho para no estar. Y últimamente, no estaba. Su silencio en el campo y fuera del campo era estruendoso</strong>.

