El calor obligó a recortar el camino, pero no consiguió reducir la locura. Corrèze amaneció bajo una alerta roja, con el asfalto derritiéndose bajo temperaturas cercanas a los 40 grados y el aire convertido en una pared. La organización eliminó 30 kilómetros del recorrido, como quien arranca unas páginas antes de comenzar una novela. El pelotón se encargó después de escribirlas de nuevo.

