Comparando las vueltas de Charles Leclerc, pole en el GP de Hungría, y Fernando Alonso, quinto en parrilla, aún duelen más esas 109 milésimas que separaron al asturiano de la que hubiera sido su pole 23ª en la F1. No es lo mismo cuadrar la vuelta perfecta y quedar detrás del mejor, a que el coche dé un trallazo y eso cueste el mejor tiempo. Y así es justamente como sucedió este sábado en Hungaroring, el lugar en el que todo comenzó hace 22 años.

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