En Alpe d’Huez la carretera desaparece mucho antes de que lleguen los ciclistas. Primero se cubre de banderas, humo, vasos de plástico y bicicletas apoyadas contra las autocaravanas. Después llega la gente. Miles de personas avanzan hacia el asfalto hasta convertir las 21 curvas en un pasillo humano. Cuando aparece el maillot amarillo, la montaña deja de parecer una montaña y se transforma en una discoteca a las dos de la madrugada.

