En el mejor golfista del planeta habita una contradicción existencial. Scottie Scheffler ha dejado al mundo con la boca abierta con su exhibición en el Open Británico, el cuarto grande que gana a sus 29 años, la reafirmación de un dominio que el golf no conocía desde Tiger Woods. Pero la sensación de euforia, afirma, “solo dura un par de minutos”. “Abrazo a mi mujer, a mis amigos y a mi familia. Luego pregunto: ‘¿Qué vamos a cenar?”. Ese es el breve tiempo que se concede el número uno para celebrar que está en la cumbre y que le envuelve la fama. Enseguida Scheffler quiere volver a ser Scottie, el marido de Meredith, el padre de Bennett, con el que se pasea por el green del 18 de Royal Portrush.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *