Cuando Unai Simón se dirigió a la portería que le tocaba guardar en el primer tiempo debió sentirse como en casa. El fondo estaba invadido de españoles, hijos de la inmigración de mediados del siglo XX. Segundas y terceras generaciones de aquellas familias que encontraron en Suiza prosperidad económica y libertad se agolpaban en los aledaños del estadio de Ginebra ávidos de ver en acción a la selección de sus orígenes.

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