<strong>Su mundo interior es infinito, igual que su energía.</strong> A sus 40 años, Sandra Sánchez la mantiene intacta. <strong>Desde que descubrió el karate con cuatro años, aprendió a canalizarla sobre el tatami</strong> y a mostrar al mundo sus emociones con el karategui puesto. También le sirvió para <strong>controlar su genio</strong>. De pequeña, las rabietas de <em>Sandrita</em> eran de tal calibre que <strong>hasta se mordía las rodillas</strong>. Hoy cuesta creerla cuando lo cuenta. <strong>El karate la transformó</strong>. «Me lo ha dado todo y me ha hecho mejor persona», asegura. «Me ha <strong>aportado la capacidad de superación en cualquier ámbito </strong>y me ha hecho sentirme capaz de hacer cualquier cosa que me proponga por difícil que sea», confiesa a modo de balance.

