Bahamontes no comía espinacas como Popeye para estar tan fuerte sino que bebía cerveza negra en la que disolvía y removía un huevo crudo. Eso es, al menos, lo que la madre del director de cine belga Luc Dardenne, cine social falsamente documental a lo Ken Loach a medias con su hermano Jean Pierre, le aseguraba a su hijo cuando niño enfermaba. “Bébete esto, que es lo que hace que Bahamontes gane siempre en la montaña”, recuerda Dardenne en L’Équipe, y, seguramente, si él quisiera tonificar a la ciclista a su hijo en estos tiempos le recomendaría que comiera sandía y zumo de brócoli. No sería tan fantástico ni gozoso como trasegar una buena cerveza stout pero, seguro, estará más cerca de la realidad del ciclismo ahora, que encuentra en las huertas alternativas sanas y permitidas a tantos años de química sin freno. Y ello sin olvidar el uso del vinagre de encurtir pepinillos para prevenir calambres por deshidratación y del bicarbonato para tamponar el lactato.

