Justo después del admirable partido y victoria en la primera ronda del Open de Australia del británico Andy Murray contra el italiano Matteo Berrettini le escribí un mensaje a la madre del primero, Judy, dándole la enhorabuena. Le ensalcé el enorme compromiso de su hijo, quien, a pesar de haberse visto al borde de la retirada por su lesión en la cadera, sigue unos años después, con 35, una prótesis de titanio y un ranking cercano al 70 del mundo, luchando denodadamente en la pista.

