A diferencia de lo que ha hecho Ferrari, Red Bull está aprovechando el momento dulce por el que pasa tanto el equipo energético como Max Verstappen, el puntal de su proyecto en la Fórmula 1. La escudería del búfalo rojo supo apretar los dientes a principio de curso, cuando tocó sufrir, para después, una vez superados los problemas de juventud de su monoplaza, encadenar una racha escandalosa y coger aire al frente del Mundial. El tirón dado por la marca austríaca ha coincidido, además, con el hundimiento de Ferrari. Il Cavallino Rampante ha condenado a Charles Leclerc, su principal apuesta para recuperar un título que no celebra desde 2007 (Kimi Raikkonen), acribillándole con averías y fallos de estrategia, el peor combinado posible para plantarle cara a un animal competitivo como Verstappen.

