Moldes y patrones similares, fondos radicalmente diferentes. De un año a otro, el mismo fotograma: los ojos tristones de la número uno, Aryna Sabalenka, después de haber cedido otra vez en la final del Open de Australia. Esta vez, el origen de su frustración no es Madison Keys, sino otra pegadora de manual que sin hacer ruido, estridencia alguna ni participar de circos, sino sencillamente siendo ella misma, tan silenciosa, tan efectiva, se corona en Melbourne y levanta la mano: aquí, Elena Rybakina. Ella, por primera vez triunfadora en las antípodas, segunda en un Grand Slam: 6-4, 4-6 y 6-4, tras 2h 18m.

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