El Gran Premio de Bélgica ha certificado un cambio de era definitivo en las entrañas de Mercedes y en la tabla del Mundial. Mientras Kimi Antonelli firmaba un fin de semana incontestable desde la pole hasta la victoria, el garaje de George Russell se convertía en un auténtico polvorín. Un fallo catastrófico en la unidad de potencia en la mismísima primera vuelta dejó vendido al británico en plena subida hacia Raidillon, desencadenando el toque con Lewis Hamilton y su posterior abandono. El resultado es demoledor: la brecha entre el jovencísimo líder italiano y Russell se ha duplicado hasta los 50 puntos, perdiendo además la segunda plaza del campeonato a manos de un Hamilton que sigue pescando en río revuelto.

