No era putt cualquiera. No era una victoria cualquiera. En ese último golpe había mucho más que un torneo. En juego estaba también un triunfo dentro de la guerra que vive el golf mundial entre el bando de los dos grandes circuitos, el americano y el europeo, y la rompedora liga saudí que ha atraído a muchas estrellas con el encanto de los petrodólares. Todo eso estaba en las manos del norirlandés Rory McIlroy, número uno mundial y bandera del PGA Tour, cuando en el par cinco del hoyo 18 del Hero Dubati Desert Classic, cita del circuito europeo, se disponía a patear para birdie. Si embocaba, ganaría el torneo con un solo golpe de ventaja sobre el estadounidense Patrick Reed, uno de los símbolos de la liga saudí. Si fallaba, ambos irían a un tensísimo desempate por su enfrentamiento dentro y fuera del campo de golf. Alta tensión. La bola rodó suave, cuatro metros y medio, y cayó dentro mientras Reed, que ya había terminado su ronda, seguía la escena por televisión. Victoria de McIlroy (-19), bingo del tour americano frente a LIV Golf. Otro episodio más en un conflicto que sigue subiendo de temperatura, en el green, en la cancha de prácticas y en los tribunales.

