Un hombre vestido de morado agita las redes de una portería del estadio José Zorrilla y brama con la hinchada enfervorizada: el Real Valladolid acaba de subir a Primera división. Al día siguiente es aclamado al son de “¡presidente, presidente!”. Quien jalea este éxito de un equipo modesto tiene dos Mundiales con Brasil, dos Balones de Oro, infinidad de trofeos colectivos individuales y el despacho presidencial del Pucela. Ronaldo disfruta del ansiado ascenso apenas un año después de caer a Segunda y añade su felicidad a la Champions de su Real Madrid: “Ha sido un fin de semana espectacular”. Dos alegrías en dos días. Darle el timón a José Rojo Pacheta ha significado buen fútbol y una promesa cumplida: el Pucela iba a ser ambicioso y agradaría al aficionado, algo que el dirigente ha aplaudido como base para impulsar su proyecto.

