En el pabellón de Ruán que hace de sala de prensa, un recortable grandeur nature recuerda la curva natural de la espalda de Jacques Anquetil, el chico del pueblo, su chichonera, su bici de pista sencillísima, las manos bajas, maillot Bic, calcetines blancos, la mirada fija en el horizonte, en los labios el recuerdo de las últimas ostras, sorbos de champagne y los besos de su Janine y en las orejas los gritos de Raphaël Geminiani, el hombre que siempre le empujaba más allá. Es el Anquetil en pleno esfuerzo que deja hace casi 60 años el récord de la hora en 47,493 kilómetros. La imagen del mejor contrarrelojista de la historia, maître Jacques, más que nostálgica, lírica, sorprende en vísperas de la gran contrarreloj del Tour sobre todo por su desnudez, su ingenuidad.

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