Fallaron todas las alarmas, como aquel día en el Nakatomi Plaza. Las confianzas no son buenas ni con John McClane rondando por el edificio, pero aquí, en España, aún tenemos dificultades para comprender las moralejas que encierran los grandes clásicos del cine americano. No debería sorprendernos, por tanto, que Kylian Mbappé renunciara a su sueño de jugar en el Real Madrid ni tampoco que en Pontevedra hayan comenzado, esta semana, los trabajos de exhumación de los restos enterrados en el viejo cementerio del convento de Santa Clara: que nadie se lleve las manos a la cabeza el día que una Carol Anne gallega —y potencialmente madridista— desaparezca frente al televisor mientras disfruta, a solas, de un partido en diferido del PSG.

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