Al llegar el partido contra el Manchester City en el Bernabéu, una de las noches que la directiva del Real Madrid veía como más límite para determinar si lo despedía, Xabi Alonso hizo algo inesperado. Colocó en el once inicial por la derecha del ataque a Rodrygo Goes, al que se le amontonaban los titulares que recordaban que el Real Madrid nunca había tenido un delantero que hubiera pasado tantos partidos sin marcar. Llevaba 32. Pero aquel 10 de diciembre, con un técnico en el alambre que no podía contar con su mejor artillero, Kylian Mbappé, Rodrygo volvió a marcar, despachó una función como las de antes y abrió una pequeña racha de solidez que se mantiene mientras se alarga el vacío de Vinicius y no se despeja del todo la incógnita de qué le permite hacer la rodilla izquierda a Mbappé en la final de este domingo contra el Barcelona (20.00, Movistar).

