Hace unos meses, le preguntaron a Rodrigo de Paul (Sarandí, 28 años) si tenía ganas de que empezara ya el Mundial. La respuesta parecía cantada, sin embargo, respondió que no. El centrocampista argentino explicó que disfruta la previa y los entrenamientos, pero luego la ansiedad de la competición, la presión y la crítica forman encima de él una densa nube amenazante. “Conociéndome, sé que me va a costar”, vaticinó. Y se conocía bien. Hace una semana, le volvieron a preguntar lo mismo y vino a confirmar sus temores. “Con el tiempo le daré más valor. Hay tanta responsabilidad, que no nos permite disfrutar del todo”, justificó.

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