Richarlison venía exultante de marcar su tercer gol en el Mundial, y de haber puesto a bailar a su seleccionador, un tipo circunspecto y trajeado de 61 años, pero de repente se bloqueó. Como si se le hubiera pasado la borrachera de golpe. Entró en una sala donde le esperaba Ronaldo, y comenzó a palmearle el pecho y a mirarlo de arriba abajo. “¿Todo bien?”, le dijo el exfutbolista. “Sin palabras”, rió nervioso él. Como no se le pasaba, El Fenómeno le mencionó uno de sus éxitos de la noche: “El baile de la paloma… Hiciste bailar a Tite”. Y se colocó las manos en las caderas y movió el cuello como una paloma.

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