Dicen los últimos hallazgos de los científicos que se corre con las tripas, y no es una metáfora. La dopamina, la sustancia química que mientras las piernas se mueven y el corazón se acelera, juega al escondite en el cerebro entre las neuronas con sus amigas endorfinas, y crean la necesidad irrefrenable de hacer ejercicio prometiendo placer, explican los investigadores, se acelera cuando las bacterias que viven en los intestinos les envían una señal. Lo han probado en el laboratorio con ratones, y quizás a muchos maratonianos les haga gracia y les empujará a tomar más yogures, y probablemente Tariku Novales no será uno de ellos. Puede que la dopamina, el impulso de correr, florezca entre los microbios que ayudan a una buena eliminación de residuos, pero el atleta gallego la encuentra más que en ningún sitio en su memoria de niño, quizás falsificada, en los recuerdos del niño etíope, quizás reconstruidos mientras crecía en Galicia.

