Unos días antes de inaugurar en Milán el viernes 6 de febrero los Juegos Olímpicos de Invierno, la presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), Kirsty Coventry, tomará seguramente su primera gran decisión al poner en marcha un test genético mediante una prueba PCR que determine el sexo biológico de todas las mujeres que se clasifiquen para participar en futuros Juegos Olímpicos. Seguirá el COI la senda marcada en julio pasado por World Athletics (WA), la federación internacional de atletismo, que obligó a las 1.015 mujeres participantes en los pasados Mundiales de Tokio a superar un PCR SRY que identifica el gen del cromosoma Y, el que marca la masculinidad. Quedarán eliminadas de la competición deportiva a nivel internacional en la categoría femenina de cualquier deporte aquellas que no lo superen, sean atletas transgénero, sean atletas con variaciones de las características sexuales (DSD), mujeres a las que se asignó el sexo femenino al nacer pero poseen cromosomas masculinos, mujeres como Caster Semenya, la campeona olímpica surafricana, o Imane Khelif, la boxeadora argelina medallista de oro en los Juegos de París.

