<strong>Era su Eurocopa y no podía fallar. Inglaterra quería estrenarse y lo hizo a lo grande. Con un Wembley a rebosar y ante una Alemania que no sabía lo que era perder una final. Cayó en la novena, que se dice pronto. Las inglesas ya habían perdido dos y querían que la tercera fuera la buena. Lo lograron. </strong>Se medían las dos mejores selecciones del torneo y la final fue un fiel reflejo de la imparable progresión del fútbol femenino. Un juego vistoso de ida y vuelta, ofensivo, sin nada de especulación, que se decantó del lado de las anfitrionas en la prórroga gracias al apoyo de una grada volcada cuando empezaban a flaquear las fuerzas. <strong>El gol de Kelly en el minuto 111 desató la alegría de los 87.192 espectadores presentes en Wembley, récord absoluto en un partido de Eurocopa. No era para menos.</strong>

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