Cuando los piropos le caían de todas partes y aquellos que en su día le atizaron por su precipitación y su temperamento volcánico ya no sabían dónde esconderse, Max Verstappen les revivió a todos juntos este domingo en Brasil. Con su segundo título en la estantería de su casa desde hace ya días, el neerlandés protagonizó uno de los momentos más incómodos de la corta historia de Red Bull; un episodio que retrotrajo a los espectadores a aquellos rifirrafes que en su día mantuvieron Sebastian Vettel y Mark Webber y en los que siempre terminaba emergiendo la sonrisa traviesa del alemán. En este caso no fue un duelo directo por hacerse con la teórica jefatura de la escudería, dado que ya está más que claro quién manda, circunstancia que todavía hace más difícil de entender lo sucedido.

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