El Tour no concede treguas, pero Raúl García Pierna ha aprendido a respirar dentro de su ruido. Habla sin aspavientos, con la serenidad de quien sabe que una fuga puede no llegar nunca y, aun así, merece la pena buscarla. A los 25 años, persigue esa victoria que cambia una carrera sin permitir que la obsesión le cambie a él.

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