Es día de estreno, así que París se pone guapa a la hora de la sobremesa y en la Chatrier abundan los sombreros blancos, los de paja, las americanas, el lápiz de labios; lo que se tercie para recibirle a Nadal, que a fin de cuentas, más allá de que el torneo se interprete como una equilibrada carrera a tres bandas entre él, Djokovic y Alcaraz, sigue siendo el indiscutible amo y señor de la pista, la Chatrier, llena hasta la bandera para la ocasión. La grada francesa tiene ganas de comprobar cómo responde ese pie izquierdo, ese corpachón que ha estado en punto muerto mucho más tiempo del deseado este año, y lo que observa le gusta y mucho: no hay señal alguna de dolor, Thompson permite experimentar y el español (triple 6-2, en 2h 02m) saca a pasear el drive.

