Cuando con Jaume Pujol-Galceran decidimos escribir la primera biografía autorizada de Rafael Nadal en 2007 (Crónica de un fenómeno), la familia del jugador manacorí nos prohibió que explicáramos con claridad la lesión que sufría desde los 15 años y que ha derivado en el Síndrome de Müller-Weis, que ahora le atenaza. Aquella lesión obligó al tenista a un replanteamiento de su carrera deportiva. Hasta el punto de que su padre, Sebastián, llegó a plantearle la posibilidad de abrirse camino en otros deportes menos exigentes a nivel físico, si era necesario.

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