En Wimbledon Hill Road huele a carne a la parrilla y una larga procesión suba y baja el terreno rompepiernas para tomar el rumbo definitivo al club. El sol pega con fuerza a primera hora del día y las pieles blanquecinas de los ingleses se tuestan, como también hace mella en los tenistas que a esa hora ya pelotean bajo el manto de calor. Uno de ellos, el debutante Rafael Jódar, que ante el azote mira al costado y pide un plátano durante el descanso; ya se sabe, el potasio nunca está de más, como tampoco lo está el grado extra de atención que pone el madrileño a cada maniobra que ejecuta durante el duelo con el local Felix Gill, inocentón este, muy tierno, con fuerza pero poca precisión.

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