No hubo paciencia con él. No la suficiente. No lo supimos entender ni perdonar los errores, contados, que tuvo. No somos un país, en materia de selección, acostumbrados a remar en la misma dirección. Las fobias con sello de club nos impiden emitir un juicio sosegado, tener una mirada desde la distancia, con perspectiva. Y eso convierte a España en una trituradora de seleccionadores cuando las cosas no salen bien. Y más ahora, que venimos de donde venimos.

