En Bormio, en la Lombardía Alta, las casas de hospitalidad de las grandes delegaciones, Suiza, Austria…, reúnen a nutridos grupos de aficionados para ver en la pantalla las pruebas mientras le dan a los Panini. Los más exquisitos piden una tabla de quesos con un Barolo y no vocean tanto. Uno pasea por la Vía Dante y los decibelios descubren de qué nacionalidad es el esquiador o rider que está bajando.

