“Mamá, quiero ver a Messi, ¿lo vamos a poder ver?”, preguntaba un niño mientras corría entre una multitud nerviosa hacia el Paseo del Bajo de Buenos Aires. Millones de personas se acercaron este martes al centro de la capital argentina con el mismo objetivo: ver a la selección de fútbol y festejar junto a ellos el título de campeones del mundo, el primero desde 1986. Lo que empezó como una fiesta se convirtió con rapidez en una locura. A las once de la mañana ya no era posible llegar hasta el Obelisco por la cantidad de gente.

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