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¿Quieres jugar con nosotros, Larry?

Fuente: El País Original en elpais.com

Larry Bird se enamoró del baloncesto el mismo día en el que descubrió lo que era sentirse admirado. Sucedió en Hobart, un pueblo de Indiana a tres horas de su casa. Habían ido a visitar a una tía suya. Iba caminando por la calle y unos chavales le preguntaron si le apetecía jugar con ellos al baloncesto. Sin una gran pasión por el deporte de la canasta -su deporte favorito era el béisbol- dijo que sí. El primer lanzamiento entró. El segundo, también. “Debes de ser el mejor jugador de allí”, le dijeron al terminar. Pero él no jugaba en ningún equipo. Todavía.