Entre los nubarrones y el calor tropical en el asfalto de Sepang, la tensión se podía mascar en una carrera de gestión de nervios. Pecco Bagnaia logró ganar el GP de Malasia, su séptima victoria del curso, y cumplió con su parte, pero también lo hizo el defensor de la corona, un loable Fabio Quartararo. Terminó el francés en el podio para evitar el alirón del puntal de Ducati, que necesita tan solo dos puntos en el GP de Valencia para proclamarse campeón del mundo y cortar una sequía de 15 años para la fábrica de Borgo Panigale y 13 años para los pilotos italianos en MotoGP.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *