Esas últimas palabras retumbarían como un trueno: los aplausos ensordecedores, la gente de pie, la mirada inspirada de quienes lo habían escuchado enmarcarían el momento cumbre de su discurso. Habría logrado, gracias a su valentía, su astucia política y capacidad de oratoria, usar al futbol como un vehículo para la unión de las personas, culturas y países. Algo así como el discurso I Have A Dream de Martin Luther King, pero con el futbol de por medio.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *