Cuando llegaron al <strong>Real Madrid</strong>, <strong>Zidane y Ronaldo </strong>eran campeones del mundo y ya tenían un <strong>Balón de Oro </strong>en la estantería. Como lo tenían <strong>Kaká y Cristiano</strong>, que habían levantado una Champions con dos equipos históricos como Milan y Manchester United. Lo habían sido todo o casi todo en el fútbol y tenían ganado el reconocimiento mundial, como <strong>Beckham</strong>, como <strong>Owen</strong>, como <strong>Cannavaro</strong>. Pero todos ellos entendieron que, más allá de los títulos, la puerta que les daba acceso a la inmortalidad era el <strong>Real Madrid</strong>. Luego tuvieron mayor o menor fortuna vestidos de blanco, pero dieron el paso.

