Los dos equipos de mi pueblo cumplen, simultáneamente, cien años. De visita para homenajearlos, me reencuentro con el fútbol en estado puro, aquel que soñé de niño y hoy recuerdo con nostalgia. Un fútbol que sé infinito porque nunca deja de sorprendernos; porque tiene la capacidad de renovarnos las ilusiones; porque en su ámbito, que es el mundo entero, nunca se pone el sol. Pero también porque, si bien tiene un fuerte sentido de la inmediatez, necesita de los recuerdos y de la expectación.

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