La gasolina ha subido de media 20 céntimos el litro desde que estalló el conflicto en Oriente Medio, mientras que el diésel ha llegado a subir 30 céntimos. El GLP, en cambio, se ha encarecido de media unos 10 céntimos. Para miles de conductores este último se ha convertido en una especie de refugio frente al alza de los precios de los combustibles tradicionales. Pero, ¿por qué el gas licuado de petróleo no se ha encarecido tanto?

