Vas conduciendo tranquilo, con los pensamientos al ritmo de la playlist que suena en el coche, y de repente impacta una piedrita del asfalto contra tu coche, dejando una marquita diminuta en el parabrisas. Después de un lamento, tratas de quitarle hierro al asunto. Total, es solo un picotazo. ¡Gran error! Con el calor que aprieta en julio y agosto, esa marca diminuta puede transformarse en una grieta enorme en cuestión de días, justo cuando menos te conviene, camino de la playa o de vuelta a casa.

