Es la celebración de un tipo sin artificios, nada empalagosa. La sencillez por bandera. De nombre Casper Ruud. Reunía méritos desde hace tiempo el noruego, acreedor de un premio mayor hasta que, por fin, lo encuentra ahora en el barrio de San Fermín. Después de haber perdido tres grandes finales, otra de la Copa de Maestros y dos más de Masters 1000, Miami y Montecarlo, el nórdico derrota a Jack Draper (7-5, 3-6 y 6-4, tras 2h 29m) y triunfa de una vez en un marco de envergadura. Primer Masters 1000 para él, hombre de tierra, jornalero que oposita a figura; un Ferrer de las tierra norteñas; 12 de los 13 trofeos que acumula han sido sobre arcilla. Probablemente, el tenis le debía algo.

