30 grados. Bochorno con vistas al Mont Blanc que se derrite. Ladridos de perros cabreados despiertan las aldeas dormidas al paso del pelotón lanzado. Arrullado por arroyos cantarines en cañadas oscuras, un tren fantasma atraviesa sibilante los valles hacia los Alpes. En la máquina, varios chicos de blanco rodean a uno de blanco también, muy rubio, un mechón rebelde vuela por las rendijas de su casco y una cenefa color arcoíris le ciñe el pecho. Es Tadej Pogacar con sus mejores UAEs, un belga, un ruso-francés y un ecuatoriano.

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