Tadej Pogacar ya tiene la Milán-San Remo. La carrera que más se le resistía. La que le obsesionaba. La que preparó con lupa y a la que llegó repitiendo en la víspera una frase que retrataba el tamaño de su deseo: «Prefiero ganar una Milán-San Remo a seis Tour de Francia». Lo logró este sábado en una edición de las que se quedan pegadas a la memoria: caída a 32 kilómetros de meta, maillot destrozado, heridas por el costado y el torso, un ataque descomunal en la Cipressa, otro en el Poggio di San Remo y un esprint final, ajustadísimo, para tumbar a Tom Pidcock en la Via Roma.

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