Cuando Messi dejó de regatear a Gvardiol, el defensa estaba tan desorientado que podría haber salido a la calle por un vomitorio del fondo. <strong>La colección de toquecitos, cambios de dirección, idas y vueltas, giros, contragiros y arabescos a que fue sometido por Messi le dejó como un guiñapo</strong>. Para Leo fue tan natural que Orsato pitó el final y él podría haber seguido allí, gambeteando sombras.<strong> ¿Se puede llegar a la final de un Mundial caminando una hora diaria? Decididamente, sí. Caminando y acelerando cuando lo requiere el juego</strong>, que es uno de los grandes secretos de Messi. Maradonear lo llaman. Lleva seis partidos haciéndolo, como si fuera la receta de un medico: «Coma bien, descanse y camine una hora diaria».

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *