La final de Copa del Rey deparó el sábado de nuevo un espectáculo excepcional. La lucha deportiva fue emotiva y la ciudad de Sevilla albergó múltiples muestras de convivencia ejemplar entre ambas aficiones. La mancha llegó en los prolegómenos del encuentro con la pitada al himno español, una actitud que se ha hecho tristemente habitual en este partido cuando la política le mete un gol al deporte.

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