La historia tuvo un comienzo feliz, en forma de flechazo y sintetizado en una fotografía en la que Gerard Piqué y varios ejecutivos de Kosmos, trajeados, brincan, celebran y alzan los puños victoriosos por los pasillos del Hotel Carlton de Orlando. Al fin y al cabo, se había proclamado una revolución. O quizá no tanto. Sí en la forma, pero tal vez no en el fondo, como lo demuestra la situación actual de la Copa Davis. Sometida desde entonces a una cirugía estética casi integral, a un electrochoque de emergencia, hoy día –tras la reciente ruptura anunciada entre la empresa que formuló la remodelación y la Federación Internacional de Tenis (ITF)– queda en una posición similar a la de hace un lustro, cuando precisaba de una reanimación inmediata. Ni una parte ni la otra; aquí, la gran derrotada es ella, una de las competiciones por equipos más antiguas del mundo.
LA SOMBRA ELECTORAL Y LA CONFIANZA DE NADAL
La separación entre la ITF y Kosmos se produce en el contexto de un año electoral. Después de dos mandatos, todo apunta a que el estadounidense Haggerty volverá a presentar su candidatura (por última vez, tras dos mandatos) para presidir los próximos cuatro años la Federación Internacional, por lo que cada paso cuenta. A ojos de algunos de sus colegas, especialmente de algunos situados al frente de federaciones de mucho peso específico, el dirigente (65 años) ha perdido crédito por su alianza con Kosmos. Por eso, deslizan algunas voces, le convenía desmarcarse del proyecto de Piqué y tratar de limar asperezas de cara a la reelección.
Por otra parte, Rafael Nadal considera que pese al fin del vínculo, la Davis tendrá recorrido. “No tengo la información de lo que ha sucedido, pero no creo que sea un proceso tan sencillo de cortar y adiós. Veremos cómo termina todo. No creo que las cosas se hagan de hoy para mañana, ni que sea un se acabó y ya está. Igualmente, no creo que la Copa Davis esté en peligro en ningún caso porque es una competición histórica, con un bagaje lo suficientemente importante en la historia de nuestro deporte; ya sea con Kosmos o sin Kosmos, espero que tenga una continuidad”, contesta a la pregunta formulada por EL PAÍS.
El campeón de 22 grandes recuerda que se ha eliminado del calendario la ATP Cup –el Mundial paralelo que nació hace tres años bajo el paraguas del rector masculino–, con el objetivo de dar mayor visibilidad y potenciar la Davis.
“No se podía tener dos copas del mundo en un mes, porque eso significa confundir mucho al espectador, y nos hemos quedado con una. Creo que es lo lógico”, continúa el de Manacor; “no creo que la competición corra peligro como tal. Habrá que ver cómo se pueden hacer mejor las cosas. Ahora la ATP tiene un pie dentro de la competición, con lo cual creo que vamos a tener un poquito más de fuerza para opinar sobre las cosas que pueden funcionar mejor o peor”.
Y zanja el balear: “Yo creo hay que aderezarla para que sea un éxito. Es nuestra única Copa del Mundo por equipos, con lo cual, de la manera que sea y no lo digo por mí, que ya estoy a otra, debemos conseguir que sea una competición de referencia, y para que eso ocurra los mejores jugadores del mundo tienen que jugarla, porque si no, pierde valor. Hay que buscar el formato adecuado para que los mejores puedan competir. ¿Cómo se hace eso? Trabajando y buscando puntos de encuentro”.

