A veces se plantea un duelo entre dos, y lo acaba ganando alguien que pasaba por allí. Y cuando la cita es en uno de los monumentos del ciclismo, ese que pasaba por allí se alegra mucho más, como debe ser. Había salido Mathieu Van der Poel con el culotte de los domingos. “¿Cuál llevarás, el blanco o el negro?”, le preguntaban en La Gazzetta, y contestaba rotundo que, “con el estado de ánimo actual, el blanco”, aunque apostillaba con un, “pero quién sabe”, y tal vez a través de ese matiz se le coló Jasper Philipsen, al fin y al cabo, su compañero de equipo, pero le estropeó el duelo con Tadej Pogacar, que en la meta de Vía Roma acabó tercero, con Matthews por el medio para completar el podio.

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