Mojitos, caipiriñas y daiquirís en el autódromo, aunque los casipijos piden spritz, una pantalla gigante con extravagancias y hazañas, los mejores goles, en bucle de Peter Sagan, la primera rockstar del ciclismo, y en un escenario gigante, La Beriso, rock callejero de Avellaneda, un guitarrista zurdo y Rolo Sartorio, melancólico a su pesar, miles de personas, móviles encendidos, amor. El día de descanso, la víspera de la etapa reina, la Vuelta a San Juan, una fiesta, festeja el 33º cumpleaños de Sagan, un ciclista que no es como los demás, que no puede ser como los demás aunque lo intente, y que con una camiseta de Joker blanca anuncia cerca de la medianoche, antes de brindar con prosecco, que esta es su última temporada en el WorldTour, que su momento “ha llegado”. “Esta temporada disputaré a tope todas las carreras, intentaré lo máximo, alguna clásica, el octavo maillot verde del Tour, todo”, dice el ciclista del Total Energies a quien la covid ha afectado más que a la mayoría y desde 2020 no es el mismo. “Después, en 2024, seguiré siendo ciclista, pero en carretera solo haré pruebas pequeñas, de tercera, porque mi gran objetivo es clasificarme para la competición de mountain bike de los Juegos Olímpicos de París”. Así habla en petit comité. Después se entrega a su público argentino, con quien tanto ha amado. Sube al escenario y le cantan el cumpleaños feliz desafinado.

