Reino Unido, con una de las poblaciones reclusas más altas de la Europa occidental (más de 86.000 presos, 134 cada 100.000 habitantes en Inglaterra y Gales a marzo del año pasado), busca soluciones imaginativas para atajar el atasco judicial y no tener que construir dos cárceles nuevas por año. Una de las que está sobre la mesa, según han admitido varios miembros del Gobierno británico, es cambiar la condena de prisión por la prohibición al delincuente de acudir a eventos deportivos y pubs. En el país que inventó el deporte rey y que consume millones de pintas al año podría ser, a juicio de los promotores de la iniciativa, un castigo suficientemente disuasorio. En lugar de pena de cárcel, pena de fútbol (sin). Las autoridades ya liberaron el pasado septiembre a 1.700 presos y a otros 1.100 en octubre, ninguno de ellos responsable de crímenes violentos, agresiones sexuales o terrorismo, que habían cumplido ya el 40% de su condena. Pero siguen faltando celdas.

